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La CEDEAO rechaza la adhesión de Marruecos

Una vez más, El Majzén decepcionó al pueblo marroquí. La prensa marroquí, afín al régimen en su totalidad, orquestraron una inmensa campaña mediática para vender a los ciudadanos marroquíes una imagen de un África que sueña con el regreso de Marruecos a las organizaciones africanas. Una manera de hacer que los marroquíes traguen la píldora de la decisión de su rey de sentarse al lado del presidente saharaui. Una decisión que no comprenden.
Durante más de 42 años, la cuestión del Sáhara Occidental forma parte de las líneas rojas establecidas por el Majzen. Varios periodistas han sido severamente castigados por haber criticado la política de su país en lo que concierne a la antigua colonia española que Marruecos ocupa desde 1975.
El régimen, para reprimir cualquier reivindicación social o política, no duda en agitar la amenaza del separatismo. En 2011, durante la denominada Primavera Arabe, el movimiento del 20 de febrero fue acusado de ser manipulado por el Polisario y Argelia. En 2017, el Majzen, para diabolizar a la región de Hirak del Rif y justificar su represión, fue calificado como separatista. ¡Y HOY ES EL REY EN PERSONA SE DEJA FOTOGRAFIAR CON LA MAXIMA AUTORIDAD DEL POLISARIO EN LA FOTO FAMILIAR DE LA UNIÓN AFRICANA!

En este contexto entra la propaganda del gobierno marroquí sobre la supuesta adhesión de Marruecos a la CEDEAO. Une vez llegado el momento de la verdad, el tema ni siquiera forma parte de la agenda de la cumbre de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental a pesar de los millones de euros que fueron regalados a los mercenarios que gobiernan el Senegal, uno de los miembros clave de la CEDEAO. Peor aún, Marruecos ha sido calificado por algunos medios de prensa africanos como un “caballo de Troya” de Francia en África. Eso dice mucho sobre la imagen de Marruecos en el continente de Patrice Lumumba y Thomas Sankara.

Cabe recordar que el pirata Chris Coleman reveló en 2014 la intención de Marruecos de parasitar las organizaciones regionales africanas para camuflar su aislamiento y su ausencia en la Unión Africana. El fracaso de sus planes llevó a Rabat a pedir la adhesión a la organización panafricana.