Marruecos-ONU, Sahara Occidental

Marruecos y el Sáhara Occidental, un contencioso que estalló hace 42 años

Horst Koehler, enviado personal del SG de la ONU para el Sahara Occidental

El poeta marroquí Abdellatif Laâbi no se equivocó al calificar a su país como “enfermo del Sahara”. El Sáhara Occidental es una verdadera obsesión del poder. Erigido como “causa nacional”, según la fraseología oficial, constituye, a causa de sus abundantes recursos naturales, la principal preocupación política del país desde hace más de cuatro décadas. Una realidad confirmada por el misterioso hacker que, en 2014, colgó en la web miles de documentos confidenciales de la diplomacia y los servicios secretos marroquíes.
Desde 1975, Marruecos ha hipotecado la vida del país a lo que él llama “la causa sagrada” en referencia a su invasión del territorio del Sáhara Occidental, antigua colonia española en el noroeste de África. La imagen del país y su papel en la geopolítica regional se venden para obtener alianzas sobre el Sahara. Sin embargo, los cálculos de la diplomacia marroquí resultaron ser erróneos. Los años de intransigencia sólo llevaron al enfrentamiento con la ONU.
En efecto, en abril de 2004, Rabat rechazó el plan de paz propuesto por el enviado personal del Secretario General de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, James Baker. El exsecretario de Estado americano había propuesto un plan que mantenía el principio de la autodeterminación con la elección de una autoridad local dentro de un Marruecos soberano. Pero el estatuto final del Sahara debía determinarse por un referéndum después de una autonomía de 5 años. Marruecos, que rechaza cualquier proyecto de autodeterminación, evocó una proximidad entre Baker y Argelia.
El 17 de mayo de 2012, Marruecos decidió retirar unilateralmente su confianza en el enviado de la ONU para el Sáhara, Christopher Ross, acusándolo de llevar a cabo un trabajo parcial y desequilibrado. Un mes antes, el informe del Secretario General de las Naciones Unidas, basado en los informes de Chris Ross, subrayaba sin reservas los obstáculos erigidos por Marruecos para obstaculizar el buen funcionamiento de la Minurso, la Mission de la ONU para el Sahara Occidental. El informe se preguntaba, legítimamente, sobre lo que es legal en la acción en el Sahara. También interpeló sobre la credibilidad de la Minurso. A pesar de ello, el diplomático no fue desautorizado por su jerarquía. Ban Ki-moon lo mantuvo en su cargo.
Este apoyo dio un nuevo carácter a las relaciones entre Marruecos y la ONU. Los documentos publicados en la red revelan las estrategias desplegadas por la diplomacia paralela marroquí para marginar a Ross. En un fax del 22 de agosto de 2014, Omar Hilale, el representante de Marruecos ante las Naciones Unidas en Nueva York, evocaba una estrategia para “aislar a Ross, debilitarlo y arrastrarlo a desvelar su agenda oculta en el Sahara”.
En 2016, el diplomático estadounidense Christopher Ross dimitió. Fue reemplazado por el ex presidente alemán Horst Koehler.
En el conflicto del Sahara Occidental, gracias al apoyo de Francia en el Consejo de Seguridad, Marruecos, mucho más que un protagonista en este viejo conflicto regional, casi logra dictar la política de las potencias extranjeras y excluya la negociación como solución al problema.

 

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