Marruecos, Sahara Occidental

Carta de un saharaui al Rey de Marruecos

Majestad,

Tengo que confesaros que tengo cierta animadversión a los que creen que se puede gobernar por voluntad divina. Además, os lo digo con toda franqueza, nunca me han gustado los reyes ni toda esa ralea de príncipes, emires, sultanes y afines, que solo viven como verdaderos parásitos alimentándose de la sangre de sus pueblos. Personalmente con usted, tengo una deuda pendiente; me estremezco y me siento impotente cada vez que veo a sus rabiosos servidores castigar sin piedad a la población saharaui, por eso, conociendo el terror que vuestros súbditos os profesan, pienso que las órdenes de tortura emanan directamente de vuestra real inteligencia.

Llegasteis en la oscuridad y a traición, como las serpientes venenosas. A vuestra entrada en palacio os concedieron el título de “rey de los pobres”. Aparecisteis con vuestro halo de intelectual educado en Europa, ocultando que en vuestros palacios tenéis esclavos y vuestro harén no tiene nada que envidiar a los de “Las mil y una noches”. Pronto demostrasteis que vuestro padre, que el destino le reserve por toda la eternidad las llamas del Averno, fue digno maestro en las enseñanzas de las torturas y violaciones al pueblo saharaui, que vos aprendisteis al pie de la letra sin saltaros una coma.

Os confieso que la rebeldía de los saharauis tiene su razón de ser. No podemos soportar que nuestros derechos sean pisoteados impunemente. Inclinar la cabeza nos cuesta, mucho más, si es para besar vuestra asquerosa y sangrienta mano. Tenemos la mala costumbre de no rendir pleitesía a quien ordena que torturen a nuestras madres, esposas y hermanas.

Vuestra imagen de rey amargado y mimoso nos produce verdadero asco. Esa manera de creeros por encima del bien y del mal, quizá valga para vuestros vasallos, que os consideran sagrado y se inclinan ante vuestra grasienta cara de falso “comendador de los creyentes”, no para nosotros que somos personas libres y aborrecemos vuestra monarquía anacrónica y feudal.

Debéis saber que jamás os perdonaremos todo el sufrimiento que nos habéis causado. Podéis estar seguro que nuestra dignidad vomitaría si algún verdadero y orgulloso saharaui inclinara la cerviz ante vuestra repugnante manera de mirar. Desearemos la muerte antes que postrarnos ante vuestra repulsiva presencia. Vuestra imagen prevalecerá en el subconsciente de nuestro pueblo. Siempre que se os recuerde, nuestros descendientes escupirán al escuchar vuestro nombre.
¡Oh majestad! con cuanta satisfacción patearía vuestras orondas y reales posaderas para demostraros que solo sois, dentro de vuestra simpleza, un vulgar y estúpido asesino.

Bachir Ahmed Aomar

 

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