Marruecos

Los aliados árabes de Israel

Arabia Saudita

Arabia Saudita encuentra en Israel a un socio táctico dentro de la estrategia estadounidense, en la cual ocupan ambos países un lugar destacado

La causa palestina atraviesa el discurso de la mayoría de los gobiernos de los países árabes y a partir de la misma se procura construir cierta legitimidad popular que les permita continuar con un ejercicio del poder signado por la ausencia de participación democrática.1 Sin embargo una lectura atenta de los comportamientos de los respectivos gobiernos árabes en el escenario internacional revela las múltiples relaciones que los vinculan tanto con Israel como con su principal socio y garante, los Estados Unidos.

Intentaremos en las líneas que siguen hacer un pequeño repaso de estas relaciones, procurando dejar al descubierto la inconsistencia discursiva de la defensa por la causa palestina por parte de estos gobiernos árabes.

En esta primera entrega trabajaremos el caso saudí, esperando que el material que compartimos a continuación contribuya a reflexionar sobre los intereses de aquellos gobiernos árabes que dicen acompañar la causa palestina, árabe y musulmana en la región.

Arabia Saudita

Custodio de los principales Lugares Santos del Islam, se suele afirmar que el reino saudí2 ha conseguido extender su pobre y tosca interpretación de esta religión gracias a los dividendos que la producción petrolera le ha conferido a la dinastía; pero esta explicación resulta por lo menos insuficiente si se desconoce las relaciones que históricamente han mantenido los descendientes de Muhammad Ibn Saud con las potencias coloniales de la región.

Aún antes de llegar al poder los Saud ya estaban implicados en las estrategias británicas en la zona, quienes debían velar por que:

“(…) Ibn Saud no atacara a su enemigo Hussein, jerife de La Meca, valiéndose de armas y oro ingleses. Ante todo Hussein era otro aliado de Gran Bretaña en Arabia; además sus tribus, bajo el mando de Lawrence de Arabia, combatían contra gran cantidad de alemanes y turcos: en tercer lugar, Gran Bretaña deseaba ser la principal potencia de la Península Arábiga al terminar la guerra3, y para ello era esencial que Ibn Saud permaneciera como un aliado.(…) además debía persuadir a Ibn Saud de aniquilar el régimen del jerife de Hail, una dinastía del noroeste de Arabia que estaba aliada con los turcos y era tan enemiga de Ibn Saud como del gobierno británico”.4

Finalmente, y luego de infructuosos intentos por establecer un estado propio en la península arábiga durante el siglo XIX, la debilidad del Imperio Otomano permitiría a los Saud tomar la ciudad de Ryad en 1902 y desde allí avanzar sobre el resto del territorio ocupando La Meca en 1924. Para entonces Gran Bretaña había conseguido desmembrar el Imperio Otomano con el apoyo de las tribus árabes a las que traiciona incumpliendo las promesas de independencia y autodeterminación con las que consiguió su apoyo inicialmente. Cuando en 1932 se crea el Reino de Arabia Saudita ya hacía varios años que los Saud venían negociando con Gran Bretaña, la misma potencia que se repartiera con Francia Oriente Medio gracias al tratado de Sykes- Picot tras la Primera Guerra Mundial.

Apenas asentado en el trono, Ibn Saud intentó consolidar su poder obteniendo respaldo financiero y político no sólo de Gran Bretaña sino también de la nueva potencia mundial: los Estados Unidos. La alianza estratégica de este último país y la dinastía saudí se remonta a aquellos años cuando las primeras exploraciones en busca de petróleo se realizaron en la península. Desde entonces los vínculos entre ambos países no han dejado de fortalecerse a pesar de las estridentes declaraciones de los sheijs saudíes contra “la inmoralidad y decadencia de las costumbres occidentales”. Pero no hay contradicciones en estas actitudes sino que responden a una estrategia orientada a empobrecer intelectualmente la capacidad de acción de mundo islámico mediante la propagación del wahhabismo al tiempo que negocia y sirve de aliado de los intereses norteamericanos en la zona.

La creación del Estado de Israel no afectará sustancialmente las relaciones entre ambos países y los reclamos saudíes serán casi siempre declamativos5. Arabia Saudita estructuró así sus Fuerzas Armadas con material británico primero y norteamericano después, acompañando a los Estados Unidos en sus acciones diplomáticas anti- soviéticas y anti- revolucionarias durante toda la Guerra Fría. De esta manera “(…) los Estados Unidos, defensor jurado de Israel, garantizaba también la seguridad de los protectores del islamismo wahhabí.6” No sorprende entonces que, Estados Unidos mediante, Arabia Saudita e Israel hayan trabajado en conjunto, interviniendo en la guerra civil de Yemen del Norte (1962 – 1970), apoyando a las fuerzas anti- soviéticas en Afganistány coordinando acciones para desestabilizar el proceso revolucionario en Irán tras 19798. Incluso Israel, a través de los Estados Unidos, “(…) obtuvo la ayuda del embajador saudí en Washington, el príncipe Bandar, para montar un cierto número de operaciones muy poco ortodoxas: (…) a cambio de una transferencia de unos tres millones de dólares a una cuenta numerada en Ginebra, los saudíes hicieron estallar, el 8 de marzo de 1985, un coche bomba ante la residencia del jeque Fadlallah jefe del Hezbollah en Beirut.”9

Con estos antecedentes no podemos extrañarnos ante el posicionamiento saudí con respecto a la resistencia de Hizbullah en el Líbano, o a la docilidad con la que permitió la utilización de su territorio para el establecimiento de bases norteamericanas para que actuasen contra otro país árabe.

Arabia Saudita encuentra en Israel a un socio táctico dentro de la estrategia estadounidense para la región, en la cual ocupan ambos países un lugar destacado y de donde se desprende la necesidad norteamericana de garantizar a toda costa su protección.

Marruecos

El asesinato, el pasado 19 de enero, de unos de los líderes de Hamas en Dubai, Mahmud al Mabhuh, por parte de los servicios secretos israelíes con la colaboración de agentes árabes contrarios al Movimiento de Resistencia Islámica, puso nuevamente al descubierto el gran abanico de relaciones que ha establecido el estado sionista con quienes, declamativamente, se presentan como sus enemigos.

El asesinato, el pasado 19 de enero, de unos de los líderes de Hamas en Dubai, Mahmud al Mabhuh, por parte de los servicios secretos israelíes con la colaboración de agentes árabes contrarios al Movimiento de Resistencia Islámica, puso nuevamente al descubierto el gran abanico de relaciones que ha establecido el estado sionista con quienes, declamativamente, se presentan como sus enemigos. Surgieron, tras establecerse que los miembros del Mossad ingresaron a Dubai con pasaportes europeos, toda una serie de informaciones que procuraban dar cuenta de las posibles bases israelíes en Europa con el fin de reconstruir el posible derrotero de la operación1. Pero ningún mapa tentativo de los centros de acción del Mossad en el exterior podría estar completo sin volver, necesariamente, sobre uno de los aliados históricos que Israel ha tenido en el extremo occidental del Mundo Árabe y en las puertas de Europa, nos referimos a Marruecos, país al que dedicaremos esta segunda entrega de la serie.

Marruecos

Este reino magrebí representa uno de los casos más claros de utilización de la causa palestina como instrumento de política interna para fortalecer la legitimidad del poder gobernante.

Las relaciones entre Israel y Marruecos se establecieron tempranamente y formaron parte de la política marroquí prooccidental que se manifestó con claridad en la adopción de un modelo económico liberal bajo el monitoreo de las instituciones crediticias internacionales (como el Fondo Monetario Internacional), y en el establecimiento de alianzas internacionales que lo situaron dentro de la estrategia norteamericana en el Norte de África2.

Antes incluso de la declaración marroquí de independencia, Israel había ya centrado su atención sobre esta región magrebí, atento a los antecedentes históricos que los vinculaban. “Desde mediados del S. XVII, no pocos judíos marroquíes habían ocupado cargos importantes en la corte y (…) durante la Segunda Guerra Mundial, Muhammad V, el padre de Hasan, había protegido a los judíos de Marruecos de las leyes antisemitas de Vichy. (…) Éste es el motivo por el cual (…) Marruecos siempre ha mantenido relaciones oficiosas o particulares con Israel. Entre los años cincuenta y sesenta, había autorizado incluso la emigración masiva de sus súbditos judíos a Israel.3”

En efecto, desde 1948 hasta 1956, año de la independencia marroquí, 150.000 judíos marroquíes fueron trasladados a la Palestina ocupada con la anuencia de Muhammad V y la imprescindible logística israelí. Ya desde 1954 el Mossad, con Isser Harel a la cabeza, había establecido una base de operaciones en Marruecos con el fin de monitorear de cerca las tareas de traslado de la población judía4. Como sostienen Dan Reviv y Yossi Melman, las operaciones de traslado de judíos marroquíes a Israel formaban parte de un proyecto conjunto de Marruecos, el estado sionista y Francia.5

A pesar de haber declarado la independencia formal de Francia en 1956, las relaciones entre la monarquía marroquí y el estado galo se mantuvieron de muchas maneras; una de ellas ha sido la estructuración de las incipientes fuerzas de seguridad del nuevo estado magrebí. Justamente “(…) el contacto entre Marruecos e Israel fue facilitado por el SDECE, la oficina francesa de espionaje.”6 Con la llegada al poder de Hasan II en 1961, y durante todo su reinado, las vinculaciones entre ambos países no harán más que aumentar, en el marco de una alianza que pretendía contener la avanzada revolucionaria en la región. “Una a una, las monarquía árabes parecían desaparecer de la escena. Y el rey Hasan de Marruecos decidió que Israel era la única potencia capaz de detener ese proceso. Ya en 1965 Israel había estructurado el sistema de seguridad interna de Hasan, incluyendo la unidad de guardia personal del propio rey.7”

El grado de colaboración entre Marruecos, Israel y Francia quedó expuesto en 1966 con el asesinato del intelectual marroquí Mehdi Ben-Barka en suelo francés. “Este caudillo de la oposición marroquí estaba condenado a muerte en ausencia. El servicio de seguridad (marroquí) comandado por el general Muhammad Oufkir estaba resuelto a cumplir la sentencia dondequiera que lo hallaran. Oufkir pidió ayuda a su amigo israelí, el general Amit. (…) Amit y Oufkir se encontraron en Francia en septiembre de 1965 para elaborar los detalles del acuerdo. EL Mossad tendería la trampa. El 29 de octubre de 1965, agentes israelíes en Ginebra convencieron al disidente marroquí que un productor cinematográfico quería hablar con él en París. Se reunieron en la puerta de una brasserie de moda de la Rive Gauche, donde tres oficiales de seguridad franceses que cooperaban con los marroquíes “arrestaron” a Ben-Barka. (…) Oufkir y sus hombres mataron a Ben-Barka y lo enterraron en el jardín de una finca en las afueras de París.8” Pero la desaparición de Ben-Barka no pasaría desapercibida y la investigación arrojó luz sobre la operación colectiva. “Como esto ocurrió en territorio francés y conllevó la colaboración de elementos derechistas del servicio secreto francés, produjo una importante crisis política, una purga de los servicios por parte de De Gaulle y un juicio en el que se condenó in absentia al general Oufkir por asesinato. (…) No obstante, el servicio secreto marroquí ha permanecido desde entonces muy unido al Mossad.9”

La colaboración israelí con el reino magrebí adquiere un nuevo impulso desde 1975, cuando Marruecos decide incorporar a su territorio al Sahara Occidental, espacio del que acababa de retirarse España. El asesoramiento sionista se dirigirá al ámbito militar, fortaleciendo las fuerzas de Hasan II contra al Frente POLISARIO y su lucha independentista. “Israel vendió a Marruecos algunos de sus tanques AMX-13 de fabricación francesa y transportes blindados de tropa”10 al tiempo que le brindaba instrucción sobre técnicas de combate contra formaciones guerrilleras11.

Este hermanamiento estratégico israelí-marroquí permitirá la serie de encuentros entre miembros del gobierno sionista y autoridades egipcias en Marruecos que darán como resultado los acuerdos de paz entre Egipto e Israel de 1978, que dejaron a la resistencia palestina aun más indefensa ante las agresiones israelíes. Recordemos que ya en 1976 Yitzhak Rabín voló a Rabat a fin de solicitarle a Hasan II “(…) tratara de atraer a Sadat a la mesa de negociaciones. La iniciativa (…) sirvió para reafirmar la cooperación clandestina entre Israel y Marruecos. Tanto el Mossad como la CIA recibieron autorización para recorrer el territorio marroquí, tomar contacto con personalidades árabes que consideraran útiles, instalar puestos de escucha electrónicos orientados hacia el norte de África y asesorar al rey y sus funcionarios sobre asuntos de seguridad interna.12”

La llegada al poder del Ayatullah Jomeini en Irán en 1979, hizo de Marruecos el lugar privilegiado de las reuniones que mantuvieron los servicios secretos israelíes, saudíes y los generales pro Sha en el exilio, dirigidas a organizar un golpe en la República Islámica que quitara a los ayatullahs y sus políticas revolucionarias del poder. Esto no llama la atención si consideramos que “(…) la relación de Marruecos con Israel ha sido siempre muy similar a de Israel con el Irán del Sha. Existía una semejanza básica entre los regímenes marroquí e iraní, ambos dirigidos por un monarca y con una extraordinaria centralización de poderes”.13

En 1986 la buena relación entre Israel y Marruecos se oficializa mediante la cumbre que mantienen el rey Hasan II y Shimon Peres, lo que le permite al monarca marroquí ganarse las simpatías del gobierno norteamericano y del influyente lobby sionista de los Estados Unidos, en momentos en que las finanzas marroquíes necesitan más que nunca de la ayuda económica estadounidense. La guerra contra Irak llevada a cabo por la coalición encabezada por los Estados Unidos en 1991, le dará a monarca marroquí una nueva oportunidad para congraciarse con la potencia hegemónica; así, Marruecos será el único país del Magreb que tomará rápidamente la decisión de unirse a la fuerza multinacional anti-iraquí con una fuerza de 5.000 hombres. Finalmente, en 1993, el rey reconocerá de hecho al Estado de Israel al recibir oficialmente al ahora Primer Ministro israelí Yitzhak Rabín en lo que constituye el primer viaje de estas características a un país árabe fuera de Egipto.

La muerte de Hasan II en 1999, y la asunción de su hijo Muhammad VI al trono el 23 de julio de ese año, no ha supuesto un cambio en las relaciones entre el estado sionista y Marruecos. Una muy clara muestra de lo que afirmamos es la expulsión del embajador venezolano de Marruecos luego de la condena de este país latinoamericano a los ataques israelíes sobre el Líbano y la expulsión de Venezuela del embajador sionista en 2006. Aunque las autoridades marroquíes aludieron al posicionamiento venezolano con relación al Sahara Occidental, lo cierto es que Marruecos consideró que se trataba de un momento oportuno para reafirmar sus lazos de amistad con Israel y con el lobby sionista en Estados Unidos. Israel demostró, asimismo, la reciprocidad de la relación al acompañar diplomáticamente a Marruecos en sus pretensiones sobre la ex colonia española14.

Palestina como distracción

Marruecos, como hemos visto, sirve desde la década del cincuenta como cuartel general israelí para las operaciones de Mossad en África y buena parte del Mundo Árabe; sin embargo, a nivel discursivo, la actitud de la monarquía magrebí pretende ser otra. Con el fin de ganarse el apoyo de la población, Marruecos ha realizado una serie de actos simbólicos a favor de la causa palestina y contrarios a Israel. Así, en 1973 el rey envió varias unidades del ejército para combatir junto a los sirios en el Golán y con los egipcios en el Sinaí; en 1978 rompió relaciones con Egipto luego de la firma de los acuerdos de paz con Israel (de los que Marruecos fue en gran medida responsable); y, en un gesto máximo de cinismo, en 1979 Hasan II propone a la Conferencia Islámica la creación de un Comité para la Liberación de Jerusalén bajo su presidencia.

Como sostiene Gema Martín Muñoz, las reivindicaciones a favor de la causa palestina surgen cada vez que el régimen ve cuestionada su legitimidad por grupos opositores, sean estos nacionalistas o islámicos15.

Con el triste logro de mantener a su pueblo en los niveles de analfabetismo más altos de todo el Magreb, la monarquía marroquí ha conseguido mantenerse en el poder gracias a la red de relaciones que, como en caso saudí, la sitúan dentro de un proyecto hegemónico más amplio en el cual Israel no puede ser sino un aliado.

Fuente : Palestina Libre

 

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