Magreb

Pilares de estabilidad en el Magreb

Maniobras conjuntas hispano-marroquíes

Teniente coronel Miguel Peco Yeste*

Los países del Magreb son objeto de una atención prioritaria por parte de España. Además de constituir un área de transformación positiva, factores como la vecindad geográfica y los lazos históricos y culturales han propiciado intercambios de todo tipo y, en definitiva, han favorecido e impulsado las relaciones con nuestros vecinos del sur.

Junto a un futuro lleno de oportunidades también es necesario tener en cuenta las amenazas a la seguridad procedentes de la región del Sahel, como por ejemplo la proliferación de grupos yihadistas, o los riesgos asociados a los tráficos ilícitos y a los flujos de migración irregular. Además, si tenemos en cuenta factores como el crecimiento exponencial de la población, la especial incidencia del calentamiento global, la vulnerabilidad de las economías y, en general, la falta de pre condiciones para el desarrollo en buena parte de los Estados, las perspectivas de futuro son hasta cierto punto inquietantes.

A la hora de combatir las anteriores amenazas, así como de mitigar tanto los riesgos como sus potenciadores, la comunidad internacional está asumiendo importantes iniciativas y desarrollando considerables esfuerzos. Como ejemplo de ello cabe citar la puesta en marcha de estrategias específicas por parte de la Unión Europea y de las Naciones Unidas, con sus correspondientes misiones sobre el terreno; la creación de estructuras regionales ligadas al desarrollo y la seguridad, como el G5 Sahel (integrado por Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad); el reforzamiento de los mecanismos de respuesta de crisis en el seno de la Unión Africana; así como el claro compromiso de países como Francia, España o los Estados Unidos para actuar en la región.

Sin embargo, menos conocidos son los esfuerzos que llevan a cabo los países del Magreb —con la actual excepción de Libia, por razones obvias— para afrontar los riesgos que les afectan directamente. Desde la política de defensa española, resulta especialmente importante llevar a cabo un seguimiento de estos esfuerzos, así como el contexto en el que tienen lugar, a la hora de elaborar estrategias cooperativas para combatir unas amenazas que, en definitiva, son compartidas. En particular, por su posición geográfica —en contacto directo con la franja del Sahel— así como por su tradicional implicación e influencia en la región, se hará un énfasis especial en el papel que está jugando Argelia.

Amenazas similares
Túnez y Marruecos tienen en común pertenecer al reducido grupo de Estados que superaron exitosamente el impacto de la denominada Primavera Árabe. Ya fuera mediante reformas constitucionales o a través de un proceso revolucionario y constituyente, el caso es que ambos países emergieron de sus respectivas crisis más cohesionados desde el punto de vista social, al tiempo que más consolidados desde el punto de vista institucional. En lo que respecta a Túnez, la Revolución de los Jazmines, en 2011, convirtió al país en una auténtica democracia plural, posiblemente la más avanzada del mundo árabe. No obstante, los atentados terroristas —en especial durante 2015— así como la crisis en la vecina Libia, han complicado seriamente la situación de seguridad y afectado al turismo, la principal fuente de ingresos del país. En esta situación, el control de la frontera oriental por parte del ejército y las fuerzas de seguridad se ha convertido en una misión crítica, especialmente en un escenario en que los combatientes yihadistas están perdiendo territorio y su retorno a los países de origen o de acogida podría ser inminente.

En el caso marroquí, la reforma constitucional de 2011, que refuerza el papel del Gobierno y del Parlamento, junto con la integración de los islamistas moderados en el juego político, ha conllevado una estabilidad interna que permite acometer ambiciosas empresas de política exterior.

En la actualidad, Marruecos ya juega un papel central en lo que respecta a la seguridad y estabilidad regional, papel que posiblemente quede reforzado en el futuro tras la reciente integración en la Unión Africana y el previsible ingreso en la Comunidad Económica de Estados de África Occidental. Algunas de las líneas de acción en las que se manifiesta el compromiso de Marruecos con la seguridad regional son, por ejemplo, la amplia par- ticipación en los foros multilaterales de seguridad y defensa en el Mediterráneo; el apoyo a iniciativas regionales encaminadas a la lucha contraterrorista, como la fuerza conjunta en el ámbito del G5 Sahel, así como la cooperación con Francia y los EEUU en sus respectivas estrategias de estabilización. Por último, y aunque tengan lugar en el escenario doméstico, las políticas implantadas en el país para luchar contra el terrorismo y contra la migración ilegal han cosechado unos resultados excelentes, se han convertido en modelo a seguir para otros países de la región y han permitido establecer ámbitos de cooperación prioritarios con los países de la orilla norte del Mediterráneo, en especial con España.

Mauritania, por su parte, está directamente expuesta a la inestabilidad procedente del Sahel. En particular, comparte con Malí más de 2.000 kilómetros de frontera terrestre que discurre por el desierto. La diferencia con otros Estados de la región en situación similar —como por ejemplo el caso argelino, sobre el que se tratará después— es que las capacida- des disponibles para atender este desafío son mucho más modestas. Aunque desde el año 2011 no se han producido atentados terroristas en el país, la actividad de algunos grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda en el Magreb Islámico continúa siendo una amenaza latente y estrechamente vinculada a la evolución del conflicto en el vecino Malí. Además de los esfuerzos de Mauritania a la hora de combatir el terrorismo, merece destacarse la intensa actividad internacional desplegada durante los últimos años en los foros de seguridad y defensa regionales y, sobre todo, el imprescindible papel que juega en el control de la emigración ilegal. En este sentido, hay que subrayar el éxito de la cooperación policial con España a la hora de frenar las oleadas de migrantes con destino a las Islas Canarias, una tragedia humana que se repetía con frecuencia hasta hace sólo unos años.

ARGELIA, INDISPENSABLE

A la hora de analizar el papel de Argelia en la seguridad del Sahel, existen dos elementos estructurales, hasta cierto punto complementarios, que definen una aproximación genuina a los problemas de la región. Por un lado, nos encontramos con el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, especialmente en lo que respecta a despliegues militares en el exterior. Por otro lado, existe la sólida convicción de que paz, seguridad y desarrollo son aspectos unidos e indisociables, lo que constituye un fundamento de la acción exterior tan contundente como el anterior.

El principio de no injerencia está recogido en la propia Constitución argelina, es parte fundamental de la política exterior del país desde los años 70 y le ha otorgado un considerable prestigio, especialmente dentro del mundo árabe.

En la situación actual, sin embargo, la no injerencia en asuntos de otros Estados supone una autolimitación considerable para la proyección de estabilidad hacia crisis vecinas, como la de Malí o Libia, y, al mismo tiempo, una restricción severa de opciones para prevenir la incursión de grupos terroristas desde el exterior.
No obstante lo anterior, los riesgos derivados de la política de no injerencia quedan parcialmente neutralizados por dos líneas de acción complementarias: una eficaz diplomacia y una fuerte implicación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad interior. En cuanto a la primera, Argelia despliega una intensa actividad diplomática dirigida a promover el desarrollo y contribuir a la seguridad regional, en línea con la convicción anteriormente señalada. En este sentido, es de destacar su papel en el proceso de paz de Malí, donde lideró en su momento la mediación internacional que llevó finalmente a la firma del Acuerdo de Paz y Reconciliación, en 2015. También es destacable la postura en relación con Libia, donde la diplomacia argelina está realizando un esfuerzo considerable para traer a la mesa de negociaciones a todas las partes implicadas en el conflicto.

Respecto a la seguridad interior, las fuerzas armadas argelinas llevan a cabo un fuerte despliegue militar, ya sea para combatir a los grupos terroristas asentados en su territorio como para impedir la infiltración de otros procedentes de países vecinos. En particular, las medidas de seguridad en las fronteras terrestres —unos 6.300 kilómetros, la mayoría de ellos atravesando zonas desérticas— suponen para el país un esfuerzo humano y económico considerable. En cuanto a resultados, mientras que el terrorismo interior puede decirse que está controlado, aquellos grupos asentados fuera de las fronteras, con capacidad para penetrar y atentar en el territorio nacional, constituyen la amenaza más seria para el país.

En definitiva, la postura de Argelia en relación al Sahel, así como las acciones derivadas de ella, constituyen un elemento indispensable tanto para desbloquear las amenazas procedentes de la región como para alcanzar soluciones duraderas a los problemas de seguridad.

Además, en lo que respecta a política exterior, su aproximación —basada en el principio de no injerencia, la mediación y la promoción del desarrollo— no resulta incompatible con otras iniciativas más intrusivas, como las intervenciones militares llevadas a cabo por algunas potencias. No obstante lo anterior, Argelia es reticente a la actividad militar extranjera al otro lado de sus fronteras, puesto que sufre de manera directa las consecuencias indeseadas de ésta.

PROYECTAR ESTABILIDAD

La vertiente occidental del Magreb merece una especial consideración desde los diferentes ámbitos relacionados con la seguridad y, en particular, desde el ámbito de la defensa en España. Así, desde hace ya más de una década se ha buscado incrementar el diálogo y la cooperación con Marruecos, Argelia, Mauritania y Túnez a través de iniciativas tanto multilaterales como bilaterales. Entre las primeras, ampliada al conjunto del Magreb y Oriente Próximo, cabe destacar el Diálogo Mediterráneo de la OTAN, del que España es un firme impulsor. Del mismo modo, también es necesario citar a la Iniciativa 5+5 Defensa, un prometedor instrumen-to de cooperación y de expansión de la estabilidad en el que, por sus características y potencial, es necesario profundizar.

Las iniciativas bilaterales, por su parte, son necesarias a la hora de complementar la aproximación multilateral. En particular, se trata de fomentar la confianza mutua a través de actividades de cooperación militar, industrial y tecnológica, todo ello dentro del marco de la Diplomacia de Defensa. Así, las relaciones bilaterales con Marruecos en este ámbito están reguladas por el correspondiente tratado de cooperación, firmado en 1989, al que se le han ido añadiendo otros acuerdos específicos.

En la actualidad, Para España, los países de la la Comisión militar mixta entre vertiente occidental del Magreb ambos países se reúne cada dos constituyen la primera línea de años en formato de alto nivel, y contención ante las amenazas prolos programas de cooperación cedentes del Sahel y, por tanto, allí aprobados contemplan unas la cooperación en el ámbito de la 60 actividades anuales. Son muchos los intereses comunes entre en un imperativo. Además de lo España y Marruecos en el ámbito de la seguridad y defensa, por lo que es probable que las excelentes relaciones actuales conlleven un incremento de la cooperación bilateral en el futuro con el fin de abordar la complejidad de las amenazas emergentes.

Con respecto a Argelia, las relaciones atraviesan un momento excelente. En el ámbito de la defensa, éstas se enmarcan en el Acuerdo de cooperación firmado en 2003, complementado por el reglamento de la Comisión mixta, un memorando de entendimiento entre los respectivos servicios aéreos de rescate y un acuerdo sobre protección de información clasificada.

El programa de cooperación bilateral para el próximo año, cientemente aprobado, contempla 30 actividades a desarrollar tanto en España como en Argelia. Estas actividades se centran en los campos Estas actividades se centran en los campos de adiestramiento y ejercicios, donde mejorar la interoperabilidad se convierte en objetivo clave; en el campo de la investigación, en lo que respecta al patrimonio común de historia militar; asó como en el de la industria militar. Por último, es significativo señalar que la cooperación con Argelia se extiende a todos los ámbitos de la defensa, desde el específico de los ejércitos al conjunto del Estado Mayor de la Defensa e incluso al propio Organo Central.

Actividades similares se vienen llevando a cabo con Mauritania desde hace ya algunos años, con una clara tendencia al incremento en el número y alcance de las mismas. Así, el programa de cooperación para el año 2018 incluye 28 actividades en campos tan variados como las operaciones especiales, la seguridad marítima, ejercicios, intercambio de unidades, sanidad y enseñanza militar, entre otros. En general, hay que destacar el especial clima de confianza mutua alcanzado entre ambos países, aspecto que queda atestiguado por las recientes visitas y encuentros mantenidos entre autoridades políticas y militares.

Finalmente, las relaciones bilaterales en el ámbito de la defensa con Túnez son fluidas e intensas, habiendo experimentado durante los últimos años un aumento sostenido de las iniciativas de cooperación.

El programa correspondiente a 2017 incluye 19 actividades a desarrollar tanto en España como en Túnez relacionadas con los campos de adiestramiento, ejercicios y formación técnica. Entre dichas actividades sobresalen aquellas dirigidas a reforzar las capacidades del país en la lucha contra el terrorismo y, en particular, contra la amenaza que suponen los artefactos explosivos improvisados.

MIRANDO AL SUR

Para España, los países de la vertiente occidental del Magreb constituyen la primera línea de contención ante las amenazas procedentes del Sahel y, por tanto, la cooperación en el ámbito de la seguridad y defensa se convierte en un imperativo. Además de lo anterior, en un sentido más general, elaborar y ejecutar estrategias encaminadas a afrontar riesgos compartidos constituye una excelente oportunidad par estrechar los lazos de confianza y amistad. De este modo, las actividades de Diplomacia de Defensa, además de su valor intrínseco, constituyen un extraordinario activo a la hora de promover el entendimiento y alcanzar acuerdos en otros ámbitos más complejos. Todo ello es plenamente aplicable a países como Marruecos, Argelia, Mauritania y Túnez, donde es necesario mantener los ancestrales vínculos de amistad y buena vecindad y, al mismo tiempo, trabajar de manera proactiva y conjunta para evitar todas aquellas situaciones que pudieran deteriorarlas.

El futuro de la política de defensa española está cada vez más ligado al Sur. Además de la implicación directa en el refuerzo de capacidades militares en la región del Sahel, es necesario profundizar en la cooperación bilateral con nuestros vecinos del norte de Africa, de forma que la confianza mutua así consolidada facilite la identificación y puesta en práctica de líneas de acción conjuntas dirigidas a combatir amenazas compartidas. Y por otro lado, en el ámbito multilateral, no se puede obviar la ventaja comparativa que supone una posición geográfica priviliegiada, así como un intenso legado histórico y cultural compartido, a la hora de asumir el liderazgo en iniciativas que redunden en beneficio de la seguridad internacional. Teniendo en cuenta la tradicional aproximación solidaria y cooperativa de un país como España, receptivo hacia sus vecinos en lo que se refiere a los problemas de seguridad, los anterior no sólo constituye un propósito de futuro, sino también una responsabilidad irrenunciable.

*Secretaría General de Política de Defensa / Área de Análisis Geopolítico